29 de enero de 2008

"Cuerpo sin mí" en el Diario de León

El pasado domingo el suplemento cultural del Diario de León, Filandón, publicó una crítica firmada por Bruno Marcos que reproducimos a continuación:

Flâneur postmetafísico

"El flâneur del que hablaran Baudelaire y Walter Benjamin es aquel sujeto que deambula por la ciudad sin rumbo fijo, el que pasea sin saber a donde va curioseando aquí y allá sin hacer nada de provecho perpetrando un callejeo ocioso. El territorio urbano es para él objeto de una mirada distinta, extraviada, que contempla los escaparates sin pensar en adquirir producto alguno o los carteles buscando un guiño sincopado... Estos ojos del flâneur siempre están torcidos sobre la ciudad, no pueden enfocar con nitidez su simplicidad, su ser sin trascendencia, su vacía cotidianeidad.El yo poético que habla en la poesía de Eduardo Moga se sitúa desde su anterior libro, Las horas y los labios, en el lugar del flâneur. La ciudad que recorre es la de los días grises, la de la gente que, sonámbula, se desplaza cada día por la urbe transformada definitivamente en un no-lugar, en espacio de tránsito, en algo muy distinto a lo que era la polis clásica, un sitio de encuentro. La inteligencia del poeta busca sentido en lo que no lo hay, belleza en lo que no la posee. “Una lengua –escribe– que carece de mundo al que nombrar”. No debemos perder de vista el hecho de que la poesía de Eduardo Moga parte de una utopía colosal, visible en el deseo de uno de sus primeros libros, La luz oída, de hacer un relato poético que nos remite nada menos que a la creación del mundo. El enorme caudal de su voz nos demostró que estaba a la altura de aquella empresa, por tanto, no es raro que, ahora, al entrar en la madurez, el poeta se dé cuenta de que lo que hay, el mundo cotidiano, no está a la altura del arte. En esto también cabría citar a Baudelaire que, por ejemplo, tacha de barbaridad el invento de la fotografía porque copia la vulgaridad de lo real. Si Baudelaire escoge lo artificial, lo urbano, el dandysmo, para evadirse de un mundo insuficiente Eduardo Moga, por su parte, desvía la mirada hacia lo no humano, y no únicamente hacia la naturaleza sino hacia todo lo inanimado, las cosas, la materia en sí. Lo humano expele para él contingencia, muerte, nada a la altura de la palabra poética que pretende fundar en el tiempo. Atravesar la ciudad a las horas en las que siempre se asemeja a la metrópolis deshumanizada de Fritz Lang, cruzarla con esta mirada de flâneur existencialista puede resultar harto peligroso. Con esos ojos yo es un otro siempre, como diría Rimbaud, y podemos acabar como Moga contemplando caminar a anticipos de muertos. Dice: “ha pasado/ un coche: / lo conducía/ la muerte”. En planos como este, netamente cinematográficos, esta poesía que se confiesa del ojo, (“Me sé viendo: me soy/ viendo”) da entrada a lo terrorífico en una pulsión neorromántica donde sentir o inspirar miedo vivifica al poeta aquejado del spleen sacándolo de la multitud estupefaciente a la trágica lucidez.Cuerpo sin mí presenta, desde el título, una paradoja de trascendencia ontológica. A la inicial resonancia mística del mismo le sucede una cuestión existencial. La voz poética exorciza y reafirma a la vez la sentencia existencialista, aquella que proclamaba “soy mi cuerpo”. Aquel axioma disolvía la antigua concepción idealista de alma y cuerpo separados para atestiguar, no sin nostalgia de una metafísica histórica, que no hay nada más que esto. Escribe Eduardo: “El cielo ha muerto –su cadáver/ vagabundea por entre los plátanos,/ arañado por humos y vencejos-,/ pero aún abriga/ poder”. Más abajo añade que ese resto de poder queda porque se resiste a la oscuridad con la confianza en la palabra, es decir con una noción metafísica de la poesía, que no está exenta, al fin tampoco, de un soplo de caducidad.Cuerpo sin mí muestra la angustia de habitarse sin alma en la perspectiva nítida de la muerte. Basta leer estos versos: “...saber que no eres/ ese que se refleja en los charcos; (...) porque te falta/ la materia, y creer en la materia;/ que no estás en tu cuerpo,/ sino en un cuerpo/ sin ti,/ sin memoria de ti, sin tu alma.”

Cuerpo sin mí. Eduardo Moga. Editorial Bartleby, Madrid, 2007. 92 pp.

Bruno Marcos
Suplemento Cultural Filandón (Diario de León)
27 de Enero de 2008